Esperanza Galván
Colabora en Aguja Taller
Sobre
León, Guanajuato. Durante toda la treintena trabajé en la caja de una tienda de insumos para zapateros del centro histórico. Las talabarteras de enfrente practicaban anudados con tira de piel y yo las veía desde la caja sin saber nada de nudos.
Una tarde de lockdown, sin clientes, compré una madeja de algodón crudo en un puesto del mercado de la cruz y seguí un tutorial de YouTube sobre colgantes para macetas. No tenía bastidor, no tenía instrucciones de gramaje, no sabía qué era un nudo de alondra. Cinco años después el cuarto del segundo piso de la casa de mi mamá vive lleno de wall hangings a medio terminar, ovillos de algodón teñido, ositos amigurumi que llegaron tarde para el cumple de la sobrina, y la libreta donde anoto cuánto le cobro a cada clienta que me encuentra por WhatsApp el jueves antes del tianguis sabatino.
Probé cuatro cursos sobre técnica de macramé y crochet: pagué la matrícula completa de tres, devolví uno dentro de los siete días porque los módulos de relleno empezaban desde el módulo tres y no aprendí nada que no supiera ya, terminé completamente dos de los cuatro. Uno de los que terminé lo pagué con las clientas que repitieron pedido en el mes siguiente al cursarlo. El otro me enseñó tres técnicas nuevas que todavía uso pero no cambió el precio al que puedo vender.
No soy egresada de diseño textil. Nunca pisé una escuela de moda. Lo que sí sé es cuánto cuestan los materiales en los mayoristas del mercado de la cruz, qué proveedor da el gramaje que promete y cuál llega un diez por ciento corto, y qué tipo de pieza devuelven las clientas del tianguis y cuál se lleva antes del mediodía.
Aguja Taller son esas cuentas y esas reseñas.
Publicaciones de Esperanza Galván
Aviso
Aviso transparente desde el inicio: en agujataller.com hay enlaces de afiliado. Si una lectora termina contratando un curso o pidiendo un material a través de uno de estos enlaces, el taller percibe una comisión, sin que el precio que ella paga cambie ni un peso. La honestidad de las reseñas no se mueve por eso: si un curso no recuperó la matrícula en piezas cobradas, queda escrito con nombre y vendor. Si una promesa de aula parece milagro, mejor terminar de leer la reseña entera antes de tocar el botón de pago.