
Me pasó una tarde muy nublada de marzo, de esas donde el cielo en León se pone gris plomizo y parece que la luz se muere antes de tiempo. Tenía un tapiz de algodón crudo recién terminado, de esos que te llevan un buen pedazo del fin de semana peinando flecos, y cuando quise tomarle la foto para mandársela a una clienta de WhatsApp, la pantalla me escupió una mancha amarilla sucia. Parecía que el algodón estaba viejo o que lo había guardado en un cajón con humedad, cuando en realidad estaba impecable.
Ahí me di cuenta de que mis años en la caja de la tienda de insumos me sirvieron para distinguir texturas con los ojos cerrados, pero no para que el celular entendiera lo que yo estaba viendo. Por más que le picaba a la pantalla, los nudos planos y las trenzas se veían borrosos, sin ese relieve que te dan ganas de pasarle la mano. Después de terminar el segundo curso de Hotmart que compré, entendí que el problema no era mi cámara, sino que estaba tratando mi macramé como si fuera una credencial de elector: iluminándolo de frente y dejándolo más plano que una tortilla.
Por qué el macramé odia la luz que todos los demás aman
Si te metes a ver qué iluminación comprar, lo primero que te van a encajar es el famoso aro de luz. Yo caí. Compré uno de diámetro estándar de aro de luz para mesa, de esos de 10 pulgadas, pensando que con eso ya iba a ser la reina de Instagram. Pero resulta que el macramé vive de la sombra. Si le avientas la luz de frente, como hace el aro, borras los huequitos entre nudos. El tejido se ve como una masa blanca y pierdes ese volumen que hace que alguien diga "mira qué bonito trabajo".

Aprendí, a punta de corajes y de ver cómo mis amigurumis color menta parecían grises en las fotos, que lo que necesitamos es una luz que venga de ladito. La luz lateral dura, esa que entra por la ventana o que pones tú con una lámpara a un costado, es la que proyecta la sombrita debajo de cada nudo Josefine. Es esa sombra la que le dice al ojo de la clienta que ahí hay textura, que hay manos trabajando y que no es una pieza sacada de una máquina china.
El misterio de los colores que cambian: CRI y temperatura
Durante las mañanas de junio me puse a investigar por qué el algodón que le compro a las vendedoras del mercado de la cruz (esas que te dan un precio el miércoles y otro el sábado si te ven con prisa) nunca se veía igual en el feed que en mi cuarto. Resulta que los focos baratos de la ferretería tienen algo que llaman Índice de Reproducción Cromática o CRI. Si compras algo con un CRI menor a 90, olvídate: tus teñidos terracota se van a ver café lodo y tus amarillos van a parecer enfermos.
Lo ideal es buscar una iluminación que tenga un Índice de Reproducción Cromática (CRI) recomendado de 90 o más. Eso asegura que el color que tú ves mientras te dejas la espalda anudando sea el mismo que la clienta ve en su celular. Además, está el tema de la temperatura. Si el foco es muy naranja, todo se ve antiguo; si es muy azul, parece hospital. El punto dulce es la luz de día, que en las cajas de los focos viene marcada como 5600 Kelvin. Es el estándar de oro para que el algodón crudo se vea limpio y natural.

¿Aro de luz o Softbox? Mi veredicto desde el segundo piso
No te voy a decir que gastes una millonada porque yo sé lo que cuesta estirar el dinero entre el pago de la luz y la hilaza que sube cada mes. Pero si vas a invertir, un softbox (esas cajas negras con tela blanca) es mucho mejor amigo del macramé que el aro. El softbox suaviza la luz pero te permite dirigirla desde un ángulo, creando ese volumen que te mencionaba.
Si ya tienes el aro de luz de 10 pulgadas, no lo tires. Úsalo como luz de relleno, muy bajito, pero deja que la luz principal venga de una ventana o de una lámpara lateral. Yo lo probé hace un par de semanas antes del tianguis y la diferencia fue brutal. Por fin pude mostrar la diferencia entre el cordón de algodón y el de poliéster solo con la vista, porque el brillo del poliéster se notaba justo donde debía y no en toda la pieza como un charco de luz blanca.

Ajustando la cámara para que Instagram no nos haga el feo
Una vez que tienes la luz de lado y tus focos de 5600 Kelvin, falta el último paso: cómo encuadras. Yo antes tomaba las fotos como caía, pero luego me daban las mil de la noche tratando de recortarlas para que cupieran en el feed. Instagram usa una relación de aspecto para publicaciones de 4:5. Eso significa que las fotos deben ser un poquito más altas que anchas. Si tomas la foto muy de cerca y en horizontal, cuando la subas, la app te va a mochar los flecos o el gancho del tapiz.
En mi cuarto de arriba, donde tengo mis herramientas esenciales para macramé todas amontonadas, puse una marca con cinta en el piso. Así ya sé exactamente dónde pararme para que el tapiz quede en ese formato vertical que llena toda la pantalla del teléfono. Entre más espacio ocupes en el feed de la clienta, más chance tienes de que se detenga a ver tu trabajo.

La luz que te ayuda a cobrar lo justo
Al final, todo este relajo de los focos y los ángulos tiene un solo objetivo: que dejes de pelearte con las clientas que te piden descuento porque "en la foto no se ve tan grande" o "no parece de ese material". Una buena iluminación resalta la calidad de tu nudo. Si el nudo está bien apretadito y la luz lo acaricia de lado, la pieza se ve cara. Y cuando la pieza se ve cara, te sientes con más seguridad al hacer el cálculo de cómo calcular el precio de tus tejidos para vender sin que te tiemble la mano al mandar el mensaje de WhatsApp.
No necesitas un diploma de diseño textil para entender esto. Solo necesitas observar cómo la luz del sol entra por tu ventana a las cinco de la tarde y ver cómo cambian tus hilos. Antes de pagar ese curso de marketing carísimo que me sale en el feed a cada rato, mejor me gasté una fracción en un par de focos buenos y un tripié que no se tambalee.

Este domingo, antes de que empiece el ajetreo del tianguis, voy a probar poner una cartulina negra del lado contrario a la luz para ver si las sombras se marcan todavía más en un nuevo diseño de búho que estoy sacando. Porque en esto del macramé, como en la vida, a veces lo que más importa es lo que dejamos en la sombra para que lo importante pueda brillar.