Acerca de Aguja Taller
Una tarde de lockdown sin clientes en la tienda de zapateros donde trabajaba, compré una madeja de algodón crudo en el mercado de la cruz y seguí un tutorial de YouTube sobre colgantes para macetas. No tenía bastidor, no tenía instrucciones de gramaje, no tenía idea de qué era un nudo de alondra. Cinco años después vivo con un cuarto del segundo piso de la casa de mi mamá lleno de wall hangings a medio terminar, ovillos de algodón teñido, y una libreta donde llevo la cuenta de lo que cobro y lo que me cuesta.
Soy Esperanza Galván, de León, Guanajuato. No soy diseñadora textil ni egresada de ninguna escuela de moda. Lo que sí tengo es el registro de cuatro cursos pagados de mi bolsillo: terminé dos, devolví uno dentro de los siete días, y del cuarto abandoné a mitad. Y la libreta de cuentas del tianguis de los sábados, que no miente.
Aguja Taller es para quien quiere saber si un curso de técnica vale lo que cuesta antes de comprarlo, y si una pieza terminada de hecho deja algo al venderla. No es un diario de hobby relajado ni un sitio de patrones gratis para principiantes. Es la reseña honesta de alguien que ya pasó por eso y se acuerda bien.
Para saber más sobre quién soy, está la página del autor.
Aviso transparente desde el inicio: en agujataller.com hay enlaces de afiliado. Si una lectora termina contratando un curso o pidiendo un material a través de uno de estos enlaces, el taller percibe una comisión, sin que el precio que ella paga cambie ni un peso. La honestidad de las reseñas no se mueve por eso: si un curso no recuperó la matrícula en piezas cobradas, queda escrito con nombre y vendor. Si una promesa de aula parece milagro, mejor terminar de leer la reseña entera antes de tocar el botón de pago.